Empezó con una reunión entre Alberto Fernández y Galit Ronen antes de la asunción. Allí, la embajadora de Israel en Argentina le transmitió al entonces Presidente electo la invitación al Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el antisemitismo. Luego del 10 de diciembre, hubo otro encuentro de Ronen, en este caso con el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, donde la representante diplomática le reiteró el convite. El jueves a la mañana, Vitobello confirmó la asistencia de Fernández.

 

La participación del primer mandatario en el Foro, que se va a llevar a cabo en el Museo de Yad Vashem de Jerusalén, generó sorpresa en varios líderes de opinión e incluso en la sede diplomática israelí en Buenos Aires. Después de algunas controversias generadas en torno a declaraciones que hizo la ministra de Seguridad, Sabina Fréderic, en el marco de su actividad académica -que un sector de la prensa republicó como si fueran actuales- y en una semana marcada por el aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman, el Presidente da varias señales con su primer destino elegido.

La primera es que no hay animosidad alguna por parte del gobierno de Argentina hacia el Estado de Israel; por el contrario, el país valora la posibilidad de mantener una buena relación bilateral. La elección del evento, el aniversario de la liberación del campo de concentración Auschwitz-Birkenau envía otros dos mensajes contundentes: reafirma el compromiso de la Argentina con los Derechos Humanos y las políticas de memoria, verdad y justicia -que desde el regreso de la democracia se convirtieron en una de las pocas fuentes de reconocimiento, capacidad de persuasión y legitimidad internacional de nuestro país- y sienta un mensaje contundente, quizás de perogrullo, pero que cobra importancia a la luz de algunos cuestionamientos absurdos desde algunos sectores de la oposición -alimentados a veces por otros, marginales, del oficialismo-: el antisemitismo no tiene lugar en la política argentina.

Por otro lado, por la importancia del evento, Alberto Fernández coincidirá con jefes de Estado de potencias de primer orden. Hasta ahora, confirmaron su presencia el presidente francés, Emmanuel Macron, el ruso Vladimir Putin, el alemán Frank-Walter Steinmeier, el italiano Sergio Mattarella y el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence. No hay confirmadas cumbres bilaterales. Una dificultad para esto fue la tardanza en la confirmación: por un acuerdo entre laicos y seculares, el día de descanso en Israel es el shabat, siguiendo la tradición bíblica; por ello, los sábados son similares a nuestros domingos y los viernes a nuestros sábados. Como nuestra semana también corre, cualquier contacto formal ocurrirá recién a partir del lunes, muy al límite del viaje y con las demoras propias de los tiempos protocolares.

Jerusalén es el corazón de la disputa territorial palestino-israelí. Su pertenencia fue uno de los principales motivos del fracaso de las negociaciones de paz del 2000, cuando las partes estuvieron más cerca de firmar un acuerdo que, finalmente, nunca sucedió. El paso de Alberto Fernández por la ciudad en cualquier otra visita de estado haría difícil eludir una polémica que se ha inflamado enormemente desde que Donald Trump decidió trasladar la embajada estadounidense desde Tel Aviv, donde residen la mayoría abrumadora de las delegaciones diplomáticas, hacia la que los palestinos también reclaman como su capital. Las especialísimas circunstancias del evento y la cantidad y variedad de figuras presentes anulan la viabilidad de cualquier cuestionamiento.

Con la visita, Argentina consigue dar un gesto contundente hacia el Estado de Israel sin abdicar de sus posiciones de principio, que la llevaron -en tiempos de mayor sintonía regional- a sumarse junto a Uruguay a la iniciativa brasileña de reconocer a Palestina como un estado independiente, representado -bajo ocupación- por la Autoridad Nacional Palestina; y a ser impulsor activo de una solución pacífica y negociada, basada en el principio de dos estados para los dos pueblos que habitan en la región que va desde el Jordán al Mediterráneo.

Además que será el único país de América Latina presente en el Foro, Argentina es el único país de América del Sur que integra, como miembro pleno, a la Alianza Internacional de Recuerdo del Holocausto, a la que se incorporó en 2002. Si bien era de esperar que nuestro país enviara una delegación de alto nivel, la decisión presidencial dio a la visita un nuevo significado.

Fernández consigue, en unas horas de visita, dar un mensaje contundente sobre el compromiso del nuevo gobierno en materia de Derechos Humanos, despejar una relación que, interesadamente, había sido puesta en cuestión desde algunos sectores y hasta dar un mensaje que, por tratarse de uno de sus mayores aliados en el mundo, será visto con agrado desde Washington.

Fuente : cenital.com